martes, marzo 29, 2016

Modo Vuelo

Lo peor de "estar" -a veces- es no saber irse. En ocasiones uno se va porque no tiene más remedio que hacerlo o porque la cabeza ya está a punto de volar por los aires. Irse a modo de abandono asistido. Eludir los desfavores de siempre tras los cortinajes de una nueva savia, bajo un techo más embellecido y las miradas que nunca observaron mi fisonomía. Olfatear nuevos quehaceres, escribir con tono más abrigado y/o embriagado aunque menos quebradizo.
Observar nuevas iniciativas a través del espejo (ese artilugio mágico que nos esconde la vida que aún no hemos vivido) hasta sentirse –al fin- bien con uno mismo. Uno se va, o al menos yo lo hago, e inevitablemente recuerdo el clásico de los años 40, "Casablanca": una conversación entre Rick y Louis aderezada por una resonancia muda e idílica.
Louis: "Dígame, Rick, ¿qué le ha traído a Casablanca?"
Rick: "Vine a Casablanca a tomar las aguas."
Louis: "Pero... ¡si Casablanca es un desierto!"
Rick: "Al parecer me informaron mal."

Marcharse siempre supone el cambio y la brecha, la dejadez y el respeto hacia las personas que antes que yo ya transitaron lejos de sus orígenes procurando nuevas oportunidades. Comenzar una etapa y echar de menos al amigo que se queda, al que añorarás cuando el frío apriete y "el apetezco" pida una buena cerveza fría acicalada con la compañía del ser amado y respetado. De vez en cuando puede que nos informen mal, como en el caso de Rick, e indagando aguas te encuentres con desiertos, pese a que en todo lugar deshabitado se pueda esconder un espejismo o un manantial llamado comúnmente oasis.
Acaso sea que las cosas cambian realmente cuando cambiamos nosotros por dentro, sin miedo a lo externo (un regateo existencial sin moverse del sofá o agarrando las maletas y preparando una vida diferente en un territorio forastero).
Lo útil, lo que en verdad merece consideración por parte del individuo que "nada es" a causa de su entorno, es estimar el momento y darle rienda suelta a los propósitosMantenerse en la desidia, en la mentira de todos los días esperando un "no sé qué que qué se yo", solamente consigue que nuestros cuerpos se tambaleen y nuestra percepción se vaya convirtiendo en una masa turbia, sin sentido.
Así pues, yo aparco la tinta y la opinión por un tiempo impreciso y le coloco al teléfono móvil el "modo vuelo", no sin antes expresar, estimados lectores, que ha sido un verdadero honor garabatear sentires durante todos estos años.

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