domingo, marzo 13, 2016

ABSURDO

 En los días vulgares el sol también se deja ver aunque sólo sea por motivos de orgullo.

 Pese a que usted no se percate de ello a causa de la desazón o a consecuencia de la contaminación excesiva que le hace picar los ojos y enrojecer la garganta, el sol es ese astro que decide alumbrar a todo tipo de gentes, sin importarle la clase social, el aspecto exterior y mucho menos el interior. En las jornadas repetitivas la asonancia está presente y logra aburrir al más pintado. Es por ello que a veces colgamos nuestro traje gris esperando una nueva esperanza y la espera hace que nos volvamos un poquito más “dementes”.

 Pero, lo fundamental de la existencia es asunto de almas, no de cuerpos. Ya lo decía Azorín a su digna manera: “Entre todas las alegrías, la absurda es la más alegre. Es la alegría de los niños, de los labriegos y de los salvajes; es decir, de todos aquellos seres que están más cerca de la Naturaleza que nosotros”. Yo soy de los que opinan que al ser humano del siglo XXI le hace falta más naturaleza y menos IPad (6); no estaría de más que un día de estos enloqueciéramos grácilmente para no darle la razón a la lógica que todo lo rige con sus manos de hierro fundido en estupideces varias.

 No estaría de más desnudarse ante la luna de septiembre cual insurrecto sin hendiduras puramente morales y correr hacia ningún lugar concreto, cual loco sin razones fundamentadas en lo políticamente correcto. Circular entre las sombras de la noche más oscura, sorber litros de ansias futuras, palpar detenidamente el rostro de lo inimaginable, y al fin sentirnos libres y vivos –ya que una cosa va de la mano de la otra-.

 También otorga mucha savia o mucha experiencia vital el transitar por la ciudad a altas horas de la madrugada. Transitar manoseando el cemento viejo y rugoso, caminar sonriendo al enemigo que no gusta de que sonrías, y mucho menos de que dispongas caminar, no vaya ser que avances, y eso sí que no lo podría tolerar. Luego hacer una parada en un puente, contar los reflejos del agua, alzar la vista al cielo e imaginar mundos velados por el firmamento. Y finalmente entrar en el primer museo que veas y desmayarte. Ver que nadie te ayuda porque lo que te está sucediendo podría ser una performance.


 Hasta que una chica con boina y perfil vetusto aplaude efusivamente al fondo y mueres absurdamente.


No hay comentarios:

Publicar un comentario