lunes, octubre 17, 2016

KABALKANTY: EL “PSICHO KILLER” POÉTICO

Hay personas que pasan por la vida únicamente para acabar en un féretro con olor a musgo y caspa de gusanos descalabrados.
Otras personas germinan con pasión, poniendo toda la carne en el asador, sin importar lo que cueste el ser uno mismo. Son personas que a veces se sienten heridas de muerte, pero felices, inexplicablemente, tal vez porque en el sufrimiento se encuentra el sentido -sinsentido- de darle carácter propio a todo lo que hemos llevado a cabo desde la más severa de las libertades. Yo para proporcionarle un poco de raciocinio conveniente y personal a todo lo que voy viviendo, en ocasiones escribo poesía; también la leo y la releo, la mastico, cual sádico ávido de noches en vela, de duchas de pan y comedores llenos de inocencia -lugares rebosantes de platos calientes donde no existen clases sociales ni rangos puramente destructivos-.
Yo reconozco haber querido morir siendo joven y no me avergüenzo de ello, ya que es necesario pasar por esa alucinación propiamente existencial para, más adelante, concederles veracidad a los sentimientos pasados, presentes y futuros.
Con placidez me ensordece la buena poesía y es por ello que repaso ésa que ostenta ímpetu, honores de beligerancia y excitaciones de medianoche, sin reproches y sin aturdimientos propiamente prosaicos. Es por ello que no dudo en analizar y disfrutar de los versos de Manuel Jesús González Carrasco, que exhibe el apodo de Kabalkanty como seudónimo de guerra, también como escudo protector ante esos hijos e hijas de mala madre que miran, juzgan y condenan sin siquiera saber qué diablos significa continuar adelante con la sobriedad intacta.
Kabalcanty es de esos bardos que no acabarán directamente en un ataúd, más bien, se llevará por delante a unos cuantos “hacedores de versos” que utilizan las estrofas como un propósito de pura egolatría, nunca como un acto cortés, basado en la humildad, en el sentimiento claro, auténtico. Así pues, pudiera decirse que este rapsoda madrileño es una especie de “Psicho Killer” sereno, un ejecutor de complementos chabacanos que, gracias a sus composiciones, entierra la ambigüedad, la simulación y el fingimiento. Él ha vivido, vive y continuará viviendo pese a todo y a todos, gracias a sus contundentes estrofas, poemas que piden a gritos ser recitados a base de sinceridad, con cicatrices que codician ser rasgueadas dentro y fuera del papel en blanco.
No es un secreto que yo a Manuel Jesús le admiro y le respeto, hasta tal punto que, desde hace un tiempo, me dirijo al él como “maestro” o “maese” ya que, desde el acatamiento que me han otorgado los años, yo ya voy sabiendo a quién admirar, a quién tratar de o de usted, porque lo contrario sería de necios y/o de mentes planas.
Delirio al Pairo” es de esos poemarios que hay que examinar después de haberse levantado del suelo, con garra, con la bayoneta en la espalda, porque tras el porrazo acaso los versos semejan más decisivos e inexorables. El poeta –Kabalcanty- nos cede parte de su yo más íntimo y aclara a modo de apunte: “Negó a los hombres diez veces, / dos veces en cada década, / y su cuarto postrero, habitación 216, / calló enmienda, proyectó empeño / y acusó al trueno”.


…Cual hombre de traje gris y sombrero blanco que transita las arterias de Madrid a lomos de una añeja balada que cautiva con sus pasos la exquisita credulidad de la alborada.

lunes, julio 04, 2016

El Brexit o la vida

Ramón María Del Valle Inclán (poeta, escritor y dramaturgo español) sentenciaba lo siguiente en su legendario libro “Luces de Bohemia”: “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser un sinvergüenza. En España se premia sólo lo malo”. Y es que tal vez, mi admirado Valle, a día de hoy esta frase puede que sea prolongable mucho más allá de nuestra roída piel de toro, sobre todo a la vista de los últimos giros del destino acaecidos en otros países próximos al nuestro.

A mí los referéndums siempre me pillan en bragas –o calzones-, quiero decir, suelo estar descuadrado y latoso a causa de mis propias indecisiones. Considero que resolver un problema “de muchos” está sobrevalorado, ya que no es algo que esté verdaderamente en nuestras manos. Usted lucha por solventar algo en términos de bien común pero, al final, si lo piensa con sumo detenimiento, siempre son otros los que acaban llevándose la mejor porción del pastel, de la cuenta en Suiza, quizás por lo mismo que sentenciaba el bueno de don Ramón María al aclararnos que “el orgullo es el más fatal de los consejeros humanos”.

A mí el Brexit me pilló fuera de España, que es donde debe estar uno si se quiere ganar la vida honradamente en este momento de la historia. Para lo otro, para ir tirando, siempre te puedes quedar en tu lugar de nacimiento, siempre y cuando le dores adecuadamente la píldora a la persona indicada, que es cuando consigues un buen puesto de trabajo o, como mínimo, una estupenda palmadita en la espalda. España funciona a trancas y barrancas y Europa se va por el desagüe a marchas forzadas por motivos de egocentrismo, de ideas bien sonantes al paladar, aunque difíciles a la hora de llevar a cabo.

A veces España baila frenéticamente al compás de una salvaje muiñeira o sobre un tablao flamenco y, con el tiempo, lo de siempre: “el Brexit o la vida”; o expresado de una manera más realista, las peores consecuencias de nuestras decisiones las padecen siempre los más desfavorecidos, incluso, los que no expresamos lo que debiéramos expresar por miedo al cambio. La salida de UK (Reino Unido) de la UE (Unión Europea) no es más ni menos que una banderola que alguien ondea como si se tratara de la Union Jack (banderola quebrada).

Hace años, en un estado mental bastante precario, yo me impuse a mí mismo blandir un palo y mostrarlo al público como signo inequívoco de mi república interior, que es el único estado en el que creo. Cuando acabé cayendo en un estanque de patos, cantando la vetusta Internacional y ovacionado por un puñados de ebrios personajes sin techo, mis colegas –esos seres que pasan por la vida reclamando amistad y birras gratis- me sacaron malamente de allí, con el puño cerrado (un gesto nada idealista, si tenemos en cuenta que el puño acabó en mi cara, produciendo en mí un fugaz pero intenso dolor con sabor a estado de cordura).

“Pero, ¿no ves que te estás haciendo el imbécil?”, me preguntó asqueado uno de aquellos camaradas de adolescencia, al tiempo que arrojaba el palo lo más lejos posible de su dueño, en un gesto indiscutible de rabia y conciencia cívica.

Durante unos minutos eché de menos mi rústica “bandera”. Al cabo de una hora reconozco haberme sentido un tanto redimido. Deduje que las banderas, al igual que las fronteras, no son tan necesarias cuando el que te quiere está verdaderamente a tu lado, apoyándote, sin necesidad de que tú le demuestres tu valentía, tu orgullo o tu cartera. Un amigo, el de verdad, te estima por lo que eres, él no necesita más. Él conoce tus defectos y hasta los llega a respetar. No es necesario que traces grandes logros para que te admire, porque él sabe de ti, conoce lo más profundo de tu ser y aun así te aprecia.


Por todo esto, el Brexit es el “no querer” al que está a tu lado. Esa votación nos ha demostrado que tanto no se nos ambiciona ahí fuera. Aunque los británicos ahora se sientan un tanto contritos, en el futuro más cercano no dejarán de exponerse presuntuosos, mostrándonos su “palo”, su pecho lobo. Inclusive, ondearán su patriotismo con más fuerza si cabe, pedantes de sí mismos, de su memorable pasado, sin importarles si con esto desfavorecen a unos cientos de miles de ciudadanos de a pie, personas normales y corrientes que lo único que ansían de la vida es un plato de sopa tibia y un lugar en el mundo donde poder respirar (en paz).

martes, marzo 29, 2016

Modo Vuelo

Lo peor de "estar" -a veces- es no saber irse. En ocasiones uno se va porque no tiene más remedio que hacerlo o porque la cabeza ya está a punto de volar por los aires. Irse a modo de abandono asistido. Eludir los desfavores de siempre tras los cortinajes de una nueva savia, bajo un techo más embellecido y las miradas que nunca observaron mi fisonomía. Olfatear nuevos quehaceres, escribir con tono más abrigado y/o embriagado aunque menos quebradizo.
Observar nuevas iniciativas a través del espejo (ese artilugio mágico que nos esconde la vida que aún no hemos vivido) hasta sentirse –al fin- bien con uno mismo. Uno se va, o al menos yo lo hago, e inevitablemente recuerdo el clásico de los años 40, "Casablanca": una conversación entre Rick y Louis aderezada por una resonancia muda e idílica.
Louis: "Dígame, Rick, ¿qué le ha traído a Casablanca?"
Rick: "Vine a Casablanca a tomar las aguas."
Louis: "Pero... ¡si Casablanca es un desierto!"
Rick: "Al parecer me informaron mal."

Marcharse siempre supone el cambio y la brecha, la dejadez y el respeto hacia las personas que antes que yo ya transitaron lejos de sus orígenes procurando nuevas oportunidades. Comenzar una etapa y echar de menos al amigo que se queda, al que añorarás cuando el frío apriete y "el apetezco" pida una buena cerveza fría acicalada con la compañía del ser amado y respetado. De vez en cuando puede que nos informen mal, como en el caso de Rick, e indagando aguas te encuentres con desiertos, pese a que en todo lugar deshabitado se pueda esconder un espejismo o un manantial llamado comúnmente oasis.
Acaso sea que las cosas cambian realmente cuando cambiamos nosotros por dentro, sin miedo a lo externo (un regateo existencial sin moverse del sofá o agarrando las maletas y preparando una vida diferente en un territorio forastero).
Lo útil, lo que en verdad merece consideración por parte del individuo que "nada es" a causa de su entorno, es estimar el momento y darle rienda suelta a los propósitosMantenerse en la desidia, en la mentira de todos los días esperando un "no sé qué que qué se yo", solamente consigue que nuestros cuerpos se tambaleen y nuestra percepción se vaya convirtiendo en una masa turbia, sin sentido.
Así pues, yo aparco la tinta y la opinión por un tiempo impreciso y le coloco al teléfono móvil el "modo vuelo", no sin antes expresar, estimados lectores, que ha sido un verdadero honor garabatear sentires durante todos estos años.

miércoles, marzo 16, 2016

BOOM


 Te mantienes en pie y el río cruza tu mente. Nunca he visto un sentimiento sutil en las manos de alguien arcaico; nunca he podido comprender el brillo de una moneda bajo el sol de una sociedad perdida en sí misma.

Cuatro o cinco pedazos de materia estelar en las manos y somos capaces de abrir la caja de los padecimientos añejos. Tal y como dijiste poco antes de convertirte en una especie de doncella ataviada de incertidumbres, el mundo que nos ha tocado en suerte suele cubrir la verdad por miedo al BOOM existencial, a los pecados que hemos ido cometiendo sin miedo al qué dirán.

Te mantienes en pie y modificas tu destino. Masticas un par de ensoñaciones, dos o tres mensajes de paz y un trocito de pan ácimo y enseguida consientes que el planeta sea un lugar un poco mejor. 

 La imaginación a veces anhela ser escuchada por la realidad, y es entonces cuanto todo, o casi todo, cobra sentido.

domingo, marzo 13, 2016

ABSURDO

 En los días vulgares el sol también se deja ver aunque sólo sea por motivos de orgullo.

 Pese a que usted no se percate de ello a causa de la desazón o a consecuencia de la contaminación excesiva que le hace picar los ojos y enrojecer la garganta, el sol es ese astro que decide alumbrar a todo tipo de gentes, sin importarle la clase social, el aspecto exterior y mucho menos el interior. En las jornadas repetitivas la asonancia está presente y logra aburrir al más pintado. Es por ello que a veces colgamos nuestro traje gris esperando una nueva esperanza y la espera hace que nos volvamos un poquito más “dementes”.

 Pero, lo fundamental de la existencia es asunto de almas, no de cuerpos. Ya lo decía Azorín a su digna manera: “Entre todas las alegrías, la absurda es la más alegre. Es la alegría de los niños, de los labriegos y de los salvajes; es decir, de todos aquellos seres que están más cerca de la Naturaleza que nosotros”. Yo soy de los que opinan que al ser humano del siglo XXI le hace falta más naturaleza y menos IPad (6); no estaría de más que un día de estos enloqueciéramos grácilmente para no darle la razón a la lógica que todo lo rige con sus manos de hierro fundido en estupideces varias.

 No estaría de más desnudarse ante la luna de septiembre cual insurrecto sin hendiduras puramente morales y correr hacia ningún lugar concreto, cual loco sin razones fundamentadas en lo políticamente correcto. Circular entre las sombras de la noche más oscura, sorber litros de ansias futuras, palpar detenidamente el rostro de lo inimaginable, y al fin sentirnos libres y vivos –ya que una cosa va de la mano de la otra-.

 También otorga mucha savia o mucha experiencia vital el transitar por la ciudad a altas horas de la madrugada. Transitar manoseando el cemento viejo y rugoso, caminar sonriendo al enemigo que no gusta de que sonrías, y mucho menos de que dispongas caminar, no vaya ser que avances, y eso sí que no lo podría tolerar. Luego hacer una parada en un puente, contar los reflejos del agua, alzar la vista al cielo e imaginar mundos velados por el firmamento. Y finalmente entrar en el primer museo que veas y desmayarte. Ver que nadie te ayuda porque lo que te está sucediendo podría ser una performance.


 Hasta que una chica con boina y perfil vetusto aplaude efusivamente al fondo y mueres absurdamente.


miércoles, enero 13, 2016

Perros rabiosos

 Me dice Agustín que está algo cansado, que ya ha enterrado muchos “perros” a lo largo de su vida. Me asegura que el año que viene lo deja todo y se larga, cual vaquero que ciñe su sombrero bajo el símbolo puro de una luz crepuscular.

Me indica que “hasta aquí hemos llegado”, y yo le digo “bienvenido al club de los imposibles”. A veces la vida es una puta triste que le sonríe al fanático, al farsante y luego, al verte tirado, pasa de largo como si tal cosa. Lo cierto es que estoy a un paso de tener la convicción absoluta de que el ser humano ha perdido por completo su facultad para seducir a sus semejantes.

La Navidad se ha convertido en un tumulto de regalos, una guirigay comparable a una vorágine de compras, de mercantilismo desalmado, exagerado, sin espiritualidad ni apariciones solidarias, sin fantasía. Pasan las celebraciones y el objeto continúa siendo el mismo: mucho hablar de buenas intenciones para enseguida sentarnos cómodamente en un asiento cualquiera que nos ayude a olvidar lo fundamental de la vida.

 Agustín visita a los enfermos de los hospitales de su ciudad porque le sale a él de dentro, porque le gusta ayudar al semejante. Hace unos días me pidió un poema navideño para recitárselo a Lucia, una niña de 6 años infectada de legionela, sin padre y con una madre que lleva 5 años en el paro, subsistiendo a base de ayudas y el encanto de personas como él, individuos que roban horas a su vida para ganarlas al lado de otras personas que están atravesando por dificultades apremiantes.

Y pese al buen humor que Agustín le regala a los demás, él no duda en señalarme que ha tenido un día malo, malísimo, y que mañana será otro día. Perra vida y perros argumentos para ir tirando. Yo le aseguro que lo que hace él no lo hace cualquiera, que al menos él cumple y no se queda esperando plácidamente en el sofá a que las cosas se solucionen por sí mismas.
Pero él no se consuela fácilmente. Acaso porque pertenece a ese tipo de personas que se involucran con las lacras que asolan esta sociedad de bocinas y panderetas (una confusión deforme que jamás evalúa las faltas propias, aunque siempre las ajenas).

“La caridad comienza por nosotros mismos, y la mayoría de las veces acaba donde empieza”, expresó sobre este asunto el poeta y novelista inglés Horace Smith. Yo lo único que puedo decirte, estimado Agustín, es que nunca he sido bueno animando a nadie, aunque siempre he sido un gran enterrador de “perros rabiosos”.

viernes, enero 08, 2016

Carta a Juan Vidal Fraga

Estimado Juan: 

hoy se cumplen tres años de tu tránsito hacia un lugar mejor, y desde que nos has dejado esta ciudad se ve contrariada y huérfana de fervor metafísico. Desde que no estás por estos lares he sabido en qué consiste disimular la soledad coagulada, esa que se me planta a medianoche en la habitación y gusta de sulfurar mi estado de ánimo a base de infamias. También señalarte que el precio de las pipas ha bajado –cosas de la crisis y el desuso-, aunque haya aumentado el número de personas que fuman picadura. 

 Decirte que la recesión aprieta y ahoga, que somos bastante más ególatras, y que ya nadie se atreve a defender lo indefendible, tal y como tú hacías. Mi apreciado amigo, debo reconocer que la iniquidad asedia casi todo lo que me fuiste enseñando, ya que son pocos los que desean filosofar por el bien común, son pocos los que rememoran con confianza aquellas grandes citas que nos regalabas, al tiempo que el humo orondo de tu pipa se fusionaba con los espíritus de los que te atendían. 

 Hoy, tres años después de tu “huida”, recapitulo tus palabras: “De los fragmentos del tiempo brota, iluminada, una permanencia que es brújula para no perderse en la oscuridad. Es como un fugaz relámpago que ilumina la noche y nos ayuda a encontrar el camino”. Opino que nos hayamos perdidos, Juan, malgastados en la importancia que le damos a lo material, al “Capitalismo Tiburón” que nombrabas en tus renglones. Entiendo que somos menos humanos, menos constantes a la hora de devolver ternura, ya que en vez de eso, regalamos a nuestros semejantes patadas en la boca del estómago, ponzoñas abrasivas y envidias variables que, a la larga y sin duda, se volverán contra nosotros. 

 Debo reconocer que para salir de la situación en la que nos encontramos sería bueno que tú estuvieras aquí, dándole lo suyo a los embusteros que rigen nuestros destinos a base de dobleces, descortesías e individualismo radical. Ya tres años, admirado compañero, y lo cierto es que nadie podrá negar que desde tu partida la cosa se va degradando más y más. 

 La esperanza se muestra como una virtud en desudo y Pontevedra se ha refugiado en los mapas del descuido meramente peatonal. Y quisiera finalizar esta misiva con un párrafo de tu artículo “La Comodidad”, publicado en este mismo Diario el 25 de Febrero del año 2002: “Hoy vivimos una época llena de comodidades y empezamos a padecer sus consecuencias: las gentes no están preparadas para tareas que implican mucho trabajo o mucho tiempo. 

 Las consecuencias están a la vista: chapuzas y corrupción. Nada es lo que parece y el mundo se tambalea. Lo malo es que los tiempos de la comodidad se acaban, ya que el edificio, sin esfuerzo, se viene abajo”. Yo no sé si no se te leyó con atención o no se te tuvo en cuenta, pero nadie podrá decir que estas palabras no tienen mucho de proféticas. 


Diario de Pontevedra (19/06/2012)